Hace algunos años, cuando todavía no existía internet ni chats ni video chats, yo salía mucho a pasear por la ciudad y viabaja mucho en tren. Me encantaba. Si ustedes se toman cada viaje inevitable por la ciudad como una experiencia; si cuando van de la casa al trabajo, a la escuela o al cine en lugar de tomárselo como una pérdida de tiempo o como una incomodidad, si en cambio se relajan y se pegan un viaje con todas las letras y no sólo un trayecto o desplazamiento van a descubrir cosas increíbles...
En esos viajes, una vez me pegué un viajezote mirando a través de los hermosísimos ojos de una mujer, que parecía mirar por la ventana como ida... Era guapísima, joven y fresca... Pero sobre todo recuerdo sus ojos, aunque no podría jamás precisar su color, recuerdo cómo eran a la perfección pero no podría describir su color, sería un desatino. Con decirles que aún los busco en muchas miradas...
Ella estaba sentada junto a la ventada y yo en frente, también junto a la ventana; entonces la miraba y buscaba eso que ella observaba y de golpe encontré cosas que nunca había mirado, solo visto. De golpe cerró sus ojos y apoyó su cabeza en el respaldo, estaba cansada, quizás. Perdido por perdido, recuerdo que en un arrebato de valentía de esas que a veces se tiene, busqué en mi mochila mi cuaderno y un lápiz y le escribí en un papelito:
Mientras viajaba a través de tu mirada fue muy feliz. Gracias por acompañarme en este viaje. Lástima que tuviste que cerrar esos ojos tan pero tan hermosos...
Te invito a seguir viajando, si querés.
Y le anoté mi número. Y le dejé el papelito por ahí.
No existía ninguna ignota posibilidad de que ella me llamara... Era absurdo. No sabía quién era yo, no me había registrado. Seguramente ni siquiera me había visto.
Pero me llamó.
Y yo no lo podía creer.
Por suerte atendí yo, en ese momento todavía vivía con mis padres, y creo que ningún integrante de mi familia ni siquiera ella misma hubieran sabido qué decir, qué contestar ni cómo.
Y salimos. Nos encontramos en una estación del tren que nos encontró.
Fue una hermosa noche de abril, cuando el otoño todavía nos deja disfrutar de unas noche no tan frías ni sofocantes. Caminamos muchísimo. Y hablamos. Y fuimos íntimos. Y esa noche, por primera vez en mi vida, visité un hotel de paso, de esos en donde uno busca ser un desconocido.
No voy a entrar en detalles, como siempre. Sólo les diré que a veces uno siente la afinidad y literalmente tocás el cielo con las manos y levitás.
A la mañana siguiente fuimos a tomarnos el tren de regreso. Ella se bajó en un par de estaciones antes que yo. Antes de irse me dejó su teléfono, nos besamos y la vi irse por el andén radiante. Realmente se veía más que hermosa. Fue mutuo, yo no me inventé nada, lo juro.
La llamé unas horas después con una ansiedad y una emoción que no me dejaban respirar. No podía creer que eso me estaba pasando a mi, que estaba teniendo tanta suerte, que el destino se había puesto de mi lado. Pero no me atendió ella. Me atendió su mamá y me dijo que si seguía molestando a su hija iba a llamar a la policía para que me rastrearan.
No entendí absolutamente nada. Mi película de golpe se había vuelto un thriller inverosímil y mal hecho. Ella me llamó al rato, a escondidas y me explicó que cuando llegó sus padres la estaban esperando muy preocupados, que ella se había equivocado porque yo no te conozco, no sé quién sos, no sé si sos un ladrón, un violador o un asesino, no sé dónde vivís, no conozco a tu familia... Sí, yo sólo era un pibe que conoció en el tren, y la inseguridad y la calle está pesada y mi corazón roto y la mar en coche...
Yo nunca había sentido miedo al salir a la calle. Jamás. Ahora a veces sufro ataques de pánico.
La seguí buscando en el tren, pero no la vi más. Mi conjetura es que sus padres se asutaron tanto que le comparron un auto, y hasta quizás le contrataron un guardaespaldas. O qué sé yo...
Y yo que me imaginaba contándole esa historia a mis nietos, de cómo conocí a su abuela...
Por ahora no tengo hijos ni tengo planes de tenerlos. Sólo me resta contarles esta historia a ustedes e invitarlos a no dejarse llevar por "la inseguridad"... Que todavía podés encontrarte el amor a la vuelta de la esquina. Todavía. Dalo por hecho.
Me pongo muy triste cuando recuerdo cómo era cuando yo vivía en la ciudad, no sólo la habitaba... Cuando caminaba de noche sin miedo, cuando me hacía amigos de una noche, cuando cantaba solo y borracho por la calle... Cuando no existía la inseguridad sino las ganas de vivir una aventura...
Y no quiero que todo esto sea nada más un recuerdo.
Salgamos a la calle ahora.
viernes, 17 de julio de 2009
martes, 14 de julio de 2009
Atrapados sin salida
Ya no me reía de las mismas estupideces de siempre. Ya no quería verme lindo ni decía tonterías insufribles para llamar su atención. Ya me daba fiaca pensar en cómo hacerla feliz. Ya me cansaba. Ya estaba pensando en cómo hacer para dormirme más temprano, calculaba las horas de sueño, hacía cuentas absurdas que incluían siestas en colectivos y demás recursos obsoletos... Ya no le hacía regalos, ya sabía qué me iba a contestar siempre, ya nos habíamos vuelto predecibles y aburridos... Ya buscaba la manera de estar solo, aunque sea en una noche de insomnio... Ya no soñaba con viajes exóticos ni trabajos incoherentes en lugares paradisíacos... Ya era hora de asumir que así no iba, que no éramos felices, que estábamos atrapados sin salida.
Mejor dicho: La salida era exit, finito, the end, el fin, caput... Y para eso todavía no estábamos listos.
Mejor dicho: La salida era exit, finito, the end, el fin, caput... Y para eso todavía no estábamos listos.
lunes, 29 de junio de 2009
La González
Me encantan las mujeres maduras, las que están entradas en años y llevan su adultez con gracia y conocimiento de causa. Cuando era niño eso era un problema. Ahora, de grande, es mi especialidad, mi no sé qué qué sé yo, mi debilidad, mi particularidad...
Yo tenía 12 años y estaba por entrar a sexto grado. Era el más petiso del curso, un poco gordito, torpe... Hasta me estaba saliendo un acné prematuro horrible. Las chicas me veían y me trataban para la chacota... Ay, sos como un osito... Yo siempre me enamoraba de todas pero ellas, como siempre, me querían sólo como amigo. Estaba por empezar las clases y estaba muy nervioso: yo siempre había sido un alumno ejemplar-nerd y no podía dejarme vencer otra vez por Laurita, la mejor alumna... Y me habían dicho que La González era tremenda, era muy exigente y a los pibes los reprobaba siempre.
El primer día de clases, no recuerdo por qué, llegué tarde. Me perdí del acto inaugural del ciclo lectivo y fui directo al aula y vi a La Gonzalez.
Instantáneamente conocí el amor.
Hasta ese momento sólo podía decir y pensar Qué linda que es Laurita sobre una mujer, pero después de ver a mi tremenda maestra mis pensamientos sobre el sexo opuesto se volvieron repentinamente un poco más profundos y perversos... La González era una solterona bien portada que sabía hacer uso de sus gracias sin ser putona; no, claro, qué indigno: la mina sabía cómo no perder su sensualidad dentro y fuera del aula sin perder la seriedad y el respeto, como una maestra ejemplar.
Yo creo que andaba por los 40. No puedo olvidarme de sus piernas porque fueron las que más conocí cuando niño y las que más me gustaron por mucho años. Se maquillaba poco, usaba anteojos y el pelo suelto. Todos los pibes de golpe estabamos un poco obsesionados con la maestra, hasta el más vago y el más irreverente se aplicaba y hasta hubo un especie de tole tole porque resulta que las chicas ya no eran las mejores alumnas, de golpe yo era mejor que Laurita... Tomá. Las madres estaban muy sorprendidas por el rendimiento de los varones... Mi hijo vuelve tan contento de la escuela, ya no lo tengo que andar corriendo para que haga la tarea.
Ese día teníamos examen de matemáticas. Copié del pizarrón los ejercicios, hice la prueba, y como terminé rápido... Se me ocurrió declararle mi amor debajo de la última regla de tres simple... No recuerdo exactamente qué puse, pero creo que fue algo así como Señorita Carmen, estoy enamorado de usted. Fui bastante claro y directo.
Al otro día mandaron a llamar a mi papá y a mi mamá. Mi mamá estaba disgustadísima, mi papá no tanto. Me cambiaron de grupo y a la Gonzalez la trasladaron a no sé donde.
Nunca tuve la oportunidad de pedirle perdón a la primera mujer que amé por los desagradables disgustos que le ocasioné.
Donde quiera que esté, señorita Carmen González, perdóneme y, si sigue soltera, no me importa que esté un poco vieja... ¿Se quiere casar conmigo?
Yo tenía 12 años y estaba por entrar a sexto grado. Era el más petiso del curso, un poco gordito, torpe... Hasta me estaba saliendo un acné prematuro horrible. Las chicas me veían y me trataban para la chacota... Ay, sos como un osito... Yo siempre me enamoraba de todas pero ellas, como siempre, me querían sólo como amigo. Estaba por empezar las clases y estaba muy nervioso: yo siempre había sido un alumno ejemplar-nerd y no podía dejarme vencer otra vez por Laurita, la mejor alumna... Y me habían dicho que La González era tremenda, era muy exigente y a los pibes los reprobaba siempre.
El primer día de clases, no recuerdo por qué, llegué tarde. Me perdí del acto inaugural del ciclo lectivo y fui directo al aula y vi a La Gonzalez.
Instantáneamente conocí el amor.
Hasta ese momento sólo podía decir y pensar Qué linda que es Laurita sobre una mujer, pero después de ver a mi tremenda maestra mis pensamientos sobre el sexo opuesto se volvieron repentinamente un poco más profundos y perversos... La González era una solterona bien portada que sabía hacer uso de sus gracias sin ser putona; no, claro, qué indigno: la mina sabía cómo no perder su sensualidad dentro y fuera del aula sin perder la seriedad y el respeto, como una maestra ejemplar.
Yo creo que andaba por los 40. No puedo olvidarme de sus piernas porque fueron las que más conocí cuando niño y las que más me gustaron por mucho años. Se maquillaba poco, usaba anteojos y el pelo suelto. Todos los pibes de golpe estabamos un poco obsesionados con la maestra, hasta el más vago y el más irreverente se aplicaba y hasta hubo un especie de tole tole porque resulta que las chicas ya no eran las mejores alumnas, de golpe yo era mejor que Laurita... Tomá. Las madres estaban muy sorprendidas por el rendimiento de los varones... Mi hijo vuelve tan contento de la escuela, ya no lo tengo que andar corriendo para que haga la tarea.
Ese día teníamos examen de matemáticas. Copié del pizarrón los ejercicios, hice la prueba, y como terminé rápido... Se me ocurrió declararle mi amor debajo de la última regla de tres simple... No recuerdo exactamente qué puse, pero creo que fue algo así como Señorita Carmen, estoy enamorado de usted. Fui bastante claro y directo.
Al otro día mandaron a llamar a mi papá y a mi mamá. Mi mamá estaba disgustadísima, mi papá no tanto. Me cambiaron de grupo y a la Gonzalez la trasladaron a no sé donde.
Nunca tuve la oportunidad de pedirle perdón a la primera mujer que amé por los desagradables disgustos que le ocasioné.
Donde quiera que esté, señorita Carmen González, perdóneme y, si sigue soltera, no me importa que esté un poco vieja... ¿Se quiere casar conmigo?
viernes, 26 de junio de 2009
Amigas
No voy a hacer filosofía barata sobre la amistad entre las chicas, pero ahí hay algo.
Las chicas disfrutan mucho de salir con chicos, hombres, pebetes, machines... Las chicas se desviven por nosotros... Pero creo que una mujer disfruta mucho más salir con sus amigas luego de salir con un hombre para compartir con ellas cómo les fue con su chongo ¿o no?
Admitánlo, chicas: nosotros les hacemos la amistad súper picante.
Yo tengo amigas mujeres: a algunas les tengo mucha paciencia, a otras me gusta escucharlas, otras me tratan como a un hijo, o como a un padre... Casi todas mis ex novias y ex amantes son mis amigas... Me encantan mis amigas...
Pero yo nunca voy a poder ser su amigo del alma porque no soy mujer, sencillamente por eso. A veces creo que les caigo bien como amigo porque les sirvo...
En fin, yo sí puedo tener amigas mujeres lindas y sexys. Puedo abrazarlas y no sentir más que cariño. Puedo acompañarlas a comprarse ropa y no inquitarme por eso. Lo que sí no les puedo tolerar es que siempre prefieran a una amiga mujer antes que a mi. Confían siempre más en otra. Comparten más cosas con ella.
Soy muy celoso de la amistad entre mujeres: es tan íntima, tan sensible, tan deliciosa...
Las mujeres se la pasan compitiendo entre ellas porque se aman. Siempre. Siempre compiten por amor. Si andas engañando a tu novia con su amiga sabé que seguro las dos lo hacen por amor... Vos no sos el importante... No se están peleando por vos.
Los hombres siempre quedamos jugando solos, a un lado, desafanados de la situación, ajenos...
Quisiera ser mujer por un rato y ver qué se siente tener una mejor amiga, compartir la ropa, los cosméticos, los cds y los novios...
Las chicas disfrutan mucho de salir con chicos, hombres, pebetes, machines... Las chicas se desviven por nosotros... Pero creo que una mujer disfruta mucho más salir con sus amigas luego de salir con un hombre para compartir con ellas cómo les fue con su chongo ¿o no?
Admitánlo, chicas: nosotros les hacemos la amistad súper picante.
Yo tengo amigas mujeres: a algunas les tengo mucha paciencia, a otras me gusta escucharlas, otras me tratan como a un hijo, o como a un padre... Casi todas mis ex novias y ex amantes son mis amigas... Me encantan mis amigas...
Pero yo nunca voy a poder ser su amigo del alma porque no soy mujer, sencillamente por eso. A veces creo que les caigo bien como amigo porque les sirvo...
En fin, yo sí puedo tener amigas mujeres lindas y sexys. Puedo abrazarlas y no sentir más que cariño. Puedo acompañarlas a comprarse ropa y no inquitarme por eso. Lo que sí no les puedo tolerar es que siempre prefieran a una amiga mujer antes que a mi. Confían siempre más en otra. Comparten más cosas con ella.
Soy muy celoso de la amistad entre mujeres: es tan íntima, tan sensible, tan deliciosa...
Las mujeres se la pasan compitiendo entre ellas porque se aman. Siempre. Siempre compiten por amor. Si andas engañando a tu novia con su amiga sabé que seguro las dos lo hacen por amor... Vos no sos el importante... No se están peleando por vos.
Los hombres siempre quedamos jugando solos, a un lado, desafanados de la situación, ajenos...
Quisiera ser mujer por un rato y ver qué se siente tener una mejor amiga, compartir la ropa, los cosméticos, los cds y los novios...
lunes, 22 de junio de 2009
Atendeme, nena
Se va a acabar
el mundo se va a acabar
si un día me has de querer, [pebeta]
te debes apresurar
Escuchame, nena. No te hagas la boluda. Vos me seguís con ese jueguito de la amistad y yo... No quiero ser más tu amigo. Y no te voy a esperar siempre...
Venís y me mirás con esos ojos y yo te miro y me veo en ellos y de golpe me pierdo.
No me hagas más esto. No te soporto más.
¿Qué es lo que querés de mí?
Yo te sigo, yo te quiero, pero sabés que no termina todo ahí.
Dale, venite conmigo.
Hagamos una cosa: vamos a contar hasta diez y cerramos los ojos y vos ya estás en mi casa, conmigo, estás en mi cama y yo te estoy preparando algo bien pero bien rico en la cocina... Vos ponés música y te mirás al espejo y te ves más linda que nunca y te vas desvistiendo de a poco sin darte cuenta... Te da un poco de miedo esto que estamos por hacer, hasta un poco de culpa pero te morís de ganas y yo llego y te encuentro desbordada de felicidad completamente extasiada en mi cama... No quiero soñar nunca más con vos.
Esto me pasa por perderme en tu sonrisa, por morirme cada vez que te veo reir, por ser tan pero tan... pelotudo, como vos.
Sí, como vos.
Porque por tu culpa nos estamos perdiendo de vivir algo hermoso.Una historia más que le podrías contar a tus hijos y a tus nietos, aunque tu familia no soy yo, es otro, es con otro... A mi no me importa que estés casada. Para nada. Bueno, un poco sí, pero...
Acordate, no te voy a esperar siempre. Porque un día el mundo se va a acabar.
Pero hasta ese día...
el mundo se va a acabar
si un día me has de querer, [pebeta]
te debes apresurar
Escuchame, nena. No te hagas la boluda. Vos me seguís con ese jueguito de la amistad y yo... No quiero ser más tu amigo. Y no te voy a esperar siempre...
Venís y me mirás con esos ojos y yo te miro y me veo en ellos y de golpe me pierdo.
No me hagas más esto. No te soporto más.
¿Qué es lo que querés de mí?
Yo te sigo, yo te quiero, pero sabés que no termina todo ahí.
Dale, venite conmigo.
Hagamos una cosa: vamos a contar hasta diez y cerramos los ojos y vos ya estás en mi casa, conmigo, estás en mi cama y yo te estoy preparando algo bien pero bien rico en la cocina... Vos ponés música y te mirás al espejo y te ves más linda que nunca y te vas desvistiendo de a poco sin darte cuenta... Te da un poco de miedo esto que estamos por hacer, hasta un poco de culpa pero te morís de ganas y yo llego y te encuentro desbordada de felicidad completamente extasiada en mi cama... No quiero soñar nunca más con vos.
Esto me pasa por perderme en tu sonrisa, por morirme cada vez que te veo reir, por ser tan pero tan... pelotudo, como vos.
Sí, como vos.
Porque por tu culpa nos estamos perdiendo de vivir algo hermoso.Una historia más que le podrías contar a tus hijos y a tus nietos, aunque tu familia no soy yo, es otro, es con otro... A mi no me importa que estés casada. Para nada. Bueno, un poco sí, pero...
Acordate, no te voy a esperar siempre. Porque un día el mundo se va a acabar.
Pero hasta ese día...
viernes, 19 de junio de 2009
Relato de un viajero
No voy a hacerme el latin lover ni mucho menos, pero sí voy a presumir algunas conquistas internacionales...
En algún momento de mi vida, cuando estaba más joven y con más tiempo, llegaba fin de año y me calzaba mi mochilota al hombro y no volvía a Buenos Aires hasta fin de febrero. Así fue cómo conocí Brasil, y entendí que, desgraciadamente, la alegría sí es sólo brasilera; y también conocí Bolivia antes de Evo y las ruinas de Machu Pichu.
Y un día hasta llegué a México...
Y resulta que, sin escapar a la suerte que me acompañaba por aquel entonces, conocí una mexicana, infaltable. Conocí varias, pero una me gustó mucho más.
Ella también estaba de viaje por el pacífico... Ella también estaba conociendo lugares exóticos... Ella también iba a presumir luego una conquista extranjera. Ella también era muy joven como yo. Todos, por aquel entonces, ansiábamos un amor en cada puerto... De más grande te vas dando cuenta de los problemas y complicaciones que eso trae.
Y así fue que una noche ella dejó a su amiga de lado y se vino conmigo, a mi cuarto. Yo viajaba solo, por ese entonces era bastante más valiente que ahora (o al menos eso creía) y me gustaba vagar solo por el mundo, je. [igual la parte más divertía venía cuando llegaba y le contaba mis aventuras a los muchachos, debo confesar...]
Venía todo más que bien: estábamos solos en una cabaña sobre el mar, ella se veía hermosísima a la luz de la luna, yo estaba más que inspirado, hasta recuerdo que le leí unos poemas de Girondo, presumiendo mi nacionalidad [qué grasa]...
Nos dimos unos besos húmedos y sugerentes y ella me contó que había traído algo especial para ese momento.
Y me sirvió un mezcal. Y empecé a sentir cosas extrañas: casi casi que creo que empecé a hablar en otra lengua, creo que de golpe hablaba náhuatl... De golpe me sentía Moctezuma.
Ella también bebía pero, al parecer, a ella no le pasaba nada. Ella jugaba de local, así cualquiera.
Ella me escuchaba divagar muy interesada...
Y me sirvió otro mezcal. Y otro. Y otro...
(...)
Y de golpe abrí los ojos, era de día, estaba desnudo en mi cama, ella no estaba y no me acordaba de nada. No recordaba absolutamente nada. La busqué pero ella y su amiga ya se habían ido, ya me habían abandonado. Me habían dejado solo en una playa inóspita del Pacífico, y lo que es peor... Ella se había ido sin decirme nada... De lo que había pasado la noche anterior.
Si viajan por el mundo nunca acepten ninguna bebida y/o infusión de algún o alguna local, puede ser muy pero muy peligroso. Pueden entrar en tránsito...
Y entonces te va a pasar que no te vas a acordar de nada...
Y no vas a tener nada para contar.
En algún momento de mi vida, cuando estaba más joven y con más tiempo, llegaba fin de año y me calzaba mi mochilota al hombro y no volvía a Buenos Aires hasta fin de febrero. Así fue cómo conocí Brasil, y entendí que, desgraciadamente, la alegría sí es sólo brasilera; y también conocí Bolivia antes de Evo y las ruinas de Machu Pichu.
Y un día hasta llegué a México...
Y resulta que, sin escapar a la suerte que me acompañaba por aquel entonces, conocí una mexicana, infaltable. Conocí varias, pero una me gustó mucho más.
Ella también estaba de viaje por el pacífico... Ella también estaba conociendo lugares exóticos... Ella también iba a presumir luego una conquista extranjera. Ella también era muy joven como yo. Todos, por aquel entonces, ansiábamos un amor en cada puerto... De más grande te vas dando cuenta de los problemas y complicaciones que eso trae.
Y así fue que una noche ella dejó a su amiga de lado y se vino conmigo, a mi cuarto. Yo viajaba solo, por ese entonces era bastante más valiente que ahora (o al menos eso creía) y me gustaba vagar solo por el mundo, je. [igual la parte más divertía venía cuando llegaba y le contaba mis aventuras a los muchachos, debo confesar...]
Venía todo más que bien: estábamos solos en una cabaña sobre el mar, ella se veía hermosísima a la luz de la luna, yo estaba más que inspirado, hasta recuerdo que le leí unos poemas de Girondo, presumiendo mi nacionalidad [qué grasa]...
Nos dimos unos besos húmedos y sugerentes y ella me contó que había traído algo especial para ese momento.
Y me sirvió un mezcal. Y empecé a sentir cosas extrañas: casi casi que creo que empecé a hablar en otra lengua, creo que de golpe hablaba náhuatl... De golpe me sentía Moctezuma.
Ella también bebía pero, al parecer, a ella no le pasaba nada. Ella jugaba de local, así cualquiera.
Ella me escuchaba divagar muy interesada...
Y me sirvió otro mezcal. Y otro. Y otro...
(...)
Y de golpe abrí los ojos, era de día, estaba desnudo en mi cama, ella no estaba y no me acordaba de nada. No recordaba absolutamente nada. La busqué pero ella y su amiga ya se habían ido, ya me habían abandonado. Me habían dejado solo en una playa inóspita del Pacífico, y lo que es peor... Ella se había ido sin decirme nada... De lo que había pasado la noche anterior.
Si viajan por el mundo nunca acepten ninguna bebida y/o infusión de algún o alguna local, puede ser muy pero muy peligroso. Pueden entrar en tránsito...
Y entonces te va a pasar que no te vas a acordar de nada...
Y no vas a tener nada para contar.
jueves, 18 de junio de 2009
La del piercing
La fiesta fashion y cool estaba en su auge. No era una fiesta privada, había como 200 personas, y ya no se sabía por qué estábamos todos allí reunidos: no sabíamos si era un cumpleaños, si era una despedida de soltera... Creo que todos llegamos ahí porque vimos luz y entramos. Nosotros no escapamos a esa situación.
Cuando llegamos notamos que estábamos un poco desfazados porque no éramos muy cool como la tendencia. Todas las chicas estaban más que lookeadas: pollera sobre el pantalón, ropa de diseño, raros peinados nuevos, colores vívidos y estridentes...
Todo era muy moderno... Ultramoderno. Supermoderno. Re-moderno.
Estaba bien difícil chamuyar porque la música estaba muy fuerte, había que gritar... Así no da. Y en esas fiestas no existía un reservado, ni un V.I.P ni nada parecido... Si no bailabas, no existías.
Yo bailando como que me defiendo pero tampoco me luzco; además, yo iba a la fiesta de levante y ya. Ni siquiera me iba a gastar en disimularlo.
Pero, por suerte, las chicas estaban re-puestas. Graciadió. Las chicas modernas son más ágiles y conocen las nuevas tendencias modernas, no le tienen asco ni miedo a nada.
Ella bailaba alocadamente. Ella era una chica fashion bien. Ella estaba buenísima. Ella se dejaba llevar por los sonidos electromagnéticos. Ella llevaba una pollerita bien cortita dorada y un strapless un poco transparente y bailaba y bailaba y no dejaba de moverse... Ella tenía la vista ciega, bailaba como poseída pero en algún momento creo que ¡me miró! Y me clavó su mirada. Por unos segundos nos miramos, ella seguía moviéndose y yo, claro, la seguía contemplando... La seguía disfrutando... Y se dirigió directamente hacia mi.
Me gusta tu nariz ¿Cómo te llamás? [Epa]
[Esos labios turgentes los mordería sin problema, nena. Pero vos seguí bailando, vos tranqui. Sabé que no me gusta hablar a los gritos y además no quiero que hablemos, yo sólo quiero verte bailar... Pero no bailes conmigo. Vos sola]
Cuando se estaba por ir por mi falta de onda cool la tomé de la mano y me la llevé hacia otro lado: a un lugar sin ruido, sin nadie... La saqué de la fiesta.
Y ahí nos dijimos cómo nos llamábamos, y ella me sugirió que me pusiera un piercing en la nariz. Ni loco. Y entonces ella me contó que tenía uno en la lengua. A ver, mostrámelo.
Y ahí estaba esa especie de yunque minúsculo color plateado de titanio porque-tiene-que-ser antiséptico, ahí estaba eso y su lengua se veía un poco extraña. De golpe ella me dejó de parecer un bombón y empecé a ver a una adolescente rebelde y no, eso mucho no me prendía hasta que...
Recordé lo que me había contado mi amigo Pablo que le había contado su amigo Luis que su novia tenía un piercing en la lengua y que...
¿Por qué no vamos para mi casa?
Y entonces...
Desde ese día ando buscando siempre una con piercing en la lengua.
Cuando llegamos notamos que estábamos un poco desfazados porque no éramos muy cool como la tendencia. Todas las chicas estaban más que lookeadas: pollera sobre el pantalón, ropa de diseño, raros peinados nuevos, colores vívidos y estridentes...
Todo era muy moderno... Ultramoderno. Supermoderno. Re-moderno.
Estaba bien difícil chamuyar porque la música estaba muy fuerte, había que gritar... Así no da. Y en esas fiestas no existía un reservado, ni un V.I.P ni nada parecido... Si no bailabas, no existías.
Yo bailando como que me defiendo pero tampoco me luzco; además, yo iba a la fiesta de levante y ya. Ni siquiera me iba a gastar en disimularlo.
Pero, por suerte, las chicas estaban re-puestas. Graciadió. Las chicas modernas son más ágiles y conocen las nuevas tendencias modernas, no le tienen asco ni miedo a nada.
Ella bailaba alocadamente. Ella era una chica fashion bien. Ella estaba buenísima. Ella se dejaba llevar por los sonidos electromagnéticos. Ella llevaba una pollerita bien cortita dorada y un strapless un poco transparente y bailaba y bailaba y no dejaba de moverse... Ella tenía la vista ciega, bailaba como poseída pero en algún momento creo que ¡me miró! Y me clavó su mirada. Por unos segundos nos miramos, ella seguía moviéndose y yo, claro, la seguía contemplando... La seguía disfrutando... Y se dirigió directamente hacia mi.
Me gusta tu nariz ¿Cómo te llamás? [Epa]
[Esos labios turgentes los mordería sin problema, nena. Pero vos seguí bailando, vos tranqui. Sabé que no me gusta hablar a los gritos y además no quiero que hablemos, yo sólo quiero verte bailar... Pero no bailes conmigo. Vos sola]
Cuando se estaba por ir por mi falta de onda cool la tomé de la mano y me la llevé hacia otro lado: a un lugar sin ruido, sin nadie... La saqué de la fiesta.
Y ahí nos dijimos cómo nos llamábamos, y ella me sugirió que me pusiera un piercing en la nariz. Ni loco. Y entonces ella me contó que tenía uno en la lengua. A ver, mostrámelo.
Y ahí estaba esa especie de yunque minúsculo color plateado de titanio porque-tiene-que-ser antiséptico, ahí estaba eso y su lengua se veía un poco extraña. De golpe ella me dejó de parecer un bombón y empecé a ver a una adolescente rebelde y no, eso mucho no me prendía hasta que...
Recordé lo que me había contado mi amigo Pablo que le había contado su amigo Luis que su novia tenía un piercing en la lengua y que...
¿Por qué no vamos para mi casa?
Y entonces...
Desde ese día ando buscando siempre una con piercing en la lengua.
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